Por José A. Reque Kilchenmann
La búsqueda de culpables ante el drama de catástrofes naturales y pandemias es probablemente tan antigua como la humanidad. Ya Nerón en la antigua Roma acusaba a los primeros cristianos de haber incendiado la ciudad.
La construcción de estigmas sociales no es ajena a los incendios forestales y varía con el paso del tiempo. Desde las teorías que buscan una explicación basada en tramas de recalificación urbanística, mafias madereras y de energías renovables y terrorismo incendiario, hasta la culpabilización de ciertas especies autóctonas como los pinos (especialmente si son repoblaciones), ocultan la compleja realidad asociada a los terribles incendios forestales que estamos viviendo en España.
Sin embargo, hay otras explicaciones más sensatas y basadas en evidencias para el drama estival del fuego. Entre otras: el modelo de combustible y su continuidad, el cese de los sistemas agrarios tradicionales y el cambio del paisaje, el abandono rural, la homogeneización del paisaje, la biomasa forestal, el efecto multiplicador del cambio climático, la interfaz urbano-forestal, la capacidad de extinción y la falta de prevención.
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